El reencuentro consigo mismo en la Terapia Comunitaria

La búsqueda de uno mismo puede parecer distante de la terapia comunitaria, si se piensa que el terapeuta comunitario es alguien a servicio de los demás, alguien que está haciendo un trabajo para los otros.

El eje de la terapia comunitaria es el reencuentro de la persona consigo misma, es el poder ser uno, nuevamente, quien uno es. El reencuentro del ser consigo mismo, que podría parecer algo tan distanciado de lo real social inmediato y cotidiano, se produce, al contrario, en el medio, en el centro mismo de la red social de que cada uno forma parte.

Te recuperas como hijo o hija, con los padres y hermanos que tuviste o que tienes, con los amigos y amigas que tuviste y que tienes, los colegas de trabajo, los vecinos, etc. Te descubres parte e la trama de la vida, y esto ocurre de a poco o de golpe, en la medida en que vas descubriendo que tu vida, que es totalmente original y única, resuena con ecos de semejanza y de diferencia complementaria, en las vidas de quienes te rodean.

Diferentemente de las terapias individuales y también de las terapias grupales, la terapia comunitaria libera al individuo de las prisiones sociales, de las rotulaciones estereotipadas y condenatorias, del prejuicio y de los engaños de la mente, en un movimiento de recuperación de la autonomía personal, frecuentemente cercenada por los mecanismos sociales de control.

Por ser un movimiento grupal no directivo, contrariamente a las demás terapias, promueve en vez de dependencia, autonomía. Se genera un movimiento de autodescubrimiento en que cada vez más vas siendo vos mismo o vos misma otra vez, fuera de las prisiones de los papeles sociales.

Lo que antes era una búsqueda ilusoria de una libertad también ilusoria porque desconectada de la trama relacional de la vida social y comunitaria, se vive como na liberación constante y progresiva, a medida que vas sacándote de encima lo que la rutina y la convivencia fueron haciéndote creer sobre tí mismo o tí misma.