El redescubimiento del ser humano como construcción cultural en la Terapia Comunitaria Integrativa

TCIUna cosa me daba cuenta ahora a la tarde. Y es esto: que en la Terapia Comunitaria Integrativa, nos reencontramos como seres de cultura, como construcciones culturales. Esto es algo extraordinario para mí, y algo que me lleva a valorizar aún más esta práctica que es muy simple en su ejecución, pero extremadamente compleja por los espacios internos y externos que moviliza.

El ser humano es cultura, es construído culturalmente. Está hecho de valores, de costumbres, de creencias, de modos de ser y de hacer, de maneras de verse a sí mismo, y al mundo, a la vida. Esto es extraordinario: que uno pueda verse a sí mismo como una construcción cultural. Lo dije más arriba, pero lo repito porque es verdad.

Uno se ve a sí mismo como una construcción de la cual participaron nuestros abuelos y abuelas. Las experiencias de ellos y ellas nos marcaron. Trazaron caminos para nosotros. Lo mismo ocurrió con nuestros padres. Sus valores, sus creencias, sus formas de actuar, de hablar, de moverse, de reír y de llorar, de enfrentar la vida y la muerte, ciertamente nos dejaron marcas profundísimas.

Y cuando uno convive con otros terapeutas comunitarios, convive con personas de distintas partes de Brasil, de distintas culturas, con distintas costumbres y valores. En estos últimos años, también he tenido el privilegio de convivir com terapeutas comunitarios uruguayos y argentinos.

Se va armando el rompecabezas. Se va deshaciendo el extrañamiento, la auto-condenación, la culpa, se van disolviendo. Uno se ve restituído a un tejido humano que por detrás de las diferencias, esconde hitos fundamentales que son recorridos por cada ser humano. Uno va recuperando uma sensación de pertenecimiento. Uno recupera su historia, su memoria, su identidad. Pasa a comprenderse mejor, y a comprender mejor a los demás.

En la medida en que me reconozco en las historias de los demás, voy recomponiendo mi propia historia. Voy recuperando la memoria, quién soy, qué puedo. El yo puedo, empieza a brotar con más fuerza. Dejo de exigirme tanto. Y todo esto en un clima de fiesta, con cantos, ruedas, oraciones, risas, llantos. Lo humano devuelto, esto es lo que me maravilla de la Terapia Comunitaria Integrativa.

Uno va recuperando su consciencia de niño o de niña. Un niño o una niña viven en un tiempo atemporal. Viven lo eterno a cada instante. Esto vuelve, en la medida en que me permito una convivencia con los diferentes. En la medida en que va volviendo una parte mía, esencial, que no cambió. Esa parte eterna en mí, vuelve en la Terapia Comunitaria Integrativa. Dejo mis títulos, mis diplomas, y me acuerdo que soy gente, soy una persona, como todos a mi alrededor.

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Importante reflexiones que me vinculan a la vida comunitaria con mi pueblo, estamos trabajando en temas de la espiritualidad del pueblo Saraguro que seria muy interesante compartir experiencias a fin de armonizar la vida. Felicidades

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