El país del arte y la cultura

Difícil permanecer en silencio cuando esto puede asemejarse a una complicidad o resignación.

Brasil viene enfrentando un panorama de resistencia contra el golpe de estado de 2016, sobre el cual es oportuno detenernos un poco. Además de las acciones de masa, institucionales, cuyo efecto no parece demasiado visible al menos por ahora, hay otras manifestaciones, de carácter artístico y cultural, cuyo poder subversivo no puede ser desdeñado.

El golpe se construyó a partir de la movilización de enormes cantidades de personas manipuladas desde el sistema de medios de información. Esto comienza a mostrar grietas, a partir del momento en que Lula es condenado sin haber cometido ningún delito, mientras que el gobierno ilegítimo exhibe de manera obscena, su visceral corrupción.

Esa masa de ciudadanos que se decían “apolíticos”–aunque en verdad son fuertemente antilulistas, antipetistas, anticomunistas, racistas y homofóbicos—hoy tiene que convivir con la realidad de saber que ayudaron a destruir el orden legal que la Constitución garantizaba, y a mantener en el poder, a una cuadrilla de corrputos que está llevando el Brasil a un abismo.

Más allá del éxito que la alianza de partidos de izquierda y democráticos, pueda tener, en cuanto a enfrentar a esta derecha fascista en las próximas elecciones de octubre, hay todo un campo de acción más micro, más personal y comunitario, que deberá seguir siendo el lugar donde se siembre y se coseche más justicia, más inclusión social, más ciudadanía.

Es aquí donde el arte y la cultura –así como otras acciones en la base de la sociedad– muestran su potencial libertador. Es aqui donde se puede y se debe ejercitar la pedagogía de la esperanza. Dejar salir a flote la indignación frente a la ruptura del orden institucional y a los retrocesos en materia de derechos humanos, sociales y laborales, de manera clara y contundente.

Con gracia e ingenio. Esto va a seguir minando las bases del régimen corrupto y amoral impuesto por la dominación clasista. Deberá emerger otra humanidad, más sana, más amorosa y más justa, más feliz, más libre, de en medio de este panorama de abusos, retroceso e impunidad.

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