El mar

A veces uno no tiene algo especial para compartir. Las cosas de siempre. La caminata hacia el mar por la mañana, que evocas ahora que ya es de noche y que han pasado ya tantas cosas. Te acuerdas cómo veías entre los coqueros el agua dibujada de olas, como en un grabado móvil de Gourmelin que vieras en una revista Planeta hace ya tantos años. El agua moviéndose, como siempre el agua se mueve. El sol reflejando. El día nublado. Pasas por la arena y miras el mar. Los barcos a la distancia, como mezclados con la niebla hacia el horizonte. El barranco hacia tu derecha. La gente pasando por la playa hacia un lado y hacia el otro. Respiras hondo. El siempre renovado paisaje del mar. Nunca te cansas de esta especie de peregrinación, un ritual que tantos practican por la mañana. Ir al mar. Ver el mar. Ese antiguo ser, como dice Jorge Luis Borges. El mar, la noche. Las luces de la ciudad. Tantas cosas en un día. Boa noite.