El lado de adentro

hojas¿Qué diría? ¿Qué podría llegar a decir? Talvez lo de siempre. O no. Lo mismo pero no igual. Casi lo mismo, entonces. Pero no tanto. Un escritor es un tema y sus variaciones, dijo alguna vez Mario Vargas Llosa. Pero no es necesario recurrir a figuras tan importantes de la literatura latino-americana, para llegar adonde me parece que puedo querer llegar ahora.

Tal vez referencias más próximas, de esas que uno conoce personalmente, sean más adecuadas. Nunca me olvido de algo que le oí decir a Saraiva, un escritor paraibano, a respecto de por qué escribía: para decir lo que quiero. Lo que se me da la gana. Esta es una de las ventajas del lenguaje directo: todos lo entendemos. No hay dudas de qué está queriendo decir. Está queriendo decir lo que dijo, y punto.

Hace ya muchos años que tomé este camino de venir a la hoja, de decir lo que pienso, lo que voy viendo, lo que voy viviendo. Así fui recuperando mi lado de adentro, seriamente amenazado por la invasión de nociones externas no solamente sobre cómo debería escribir, qué debería escribir (las reglas que pululan en la llamada comunidad científica) sino, mucho peor; qué debería ser yo, o quién era yo.

Esta invasón externa me estaba matando. Yo no era yo mismo, era algo o alguien que habia aprendido a creer que era, pero que no era. Yo no era eso. Entonces, por sugestión de María, mi esposa, me puse a escribir. Escribir. Escribir y escribir, y no paré más. Era el año de 2001. Empecé a venir en la hoja, y a venir cada vez más, y a encontrar en las personas que me leían, señales de que algo estaba ocurriendo.

Algo importante: yo estaba volviendo, y había, hay un lugar para mí allí, en ese mundo externo donde hay gente que también se busca, gente que viene trabajando para ser ella misma, como yo. Así fui encontrando espacio en algunos medios electrónicos, lo cual fué fortaleciendo mi confianza de que estaba en el camino correcto. Un lugar compartido.

Espacios dialógicos. Varios de estos medios digitales fueron cerrándose, o tranformándose en otro tipo de espacios, ya no tan abiertos, y me fui quedando con menos espacios. Menos espacio. Menos lugares donde publicar, pero más claridad sobre lo que estaba haciendo. Tal vez termine por publicar solamente en mis propios blogs, como tanta gente ya lo viene haciendo. Pero por ahora todavá sigo apostando en lugares colectivos.

Lugares compartidos con gente que piensa diferente. Tengo una profunda aversión al sectarismo, no importa cual sea. Creo que lo humano es el dato básico de mi vida, el eje que me orienta. Y lo humano es diverso y contradictorio, plural. Así que no hay más remedio que seguir insistiendo sobre lo mismo. Seguir poniéndome en el papel y soltando las hojas al viento, como lo vengo haciendo.

Aquí y allí alguien me hace saber de sus sentires al leer lo que escribo, y esto va construyendo como que una escalera que nos aproxima. No es poco lo que debo a estas devoluciones que he recibido. Sin ellas, esto no estaría siendo escrito. Así como yo he ido encontrando mi lado de adentro, otras personas también lo han encontrado, lo siguen encontrando y buscando. El proceso es infinito. Tiene la duración de la vida. Así que es esto lo que quería decir. Y como ya lo dije, es hasta aquí que llegan estas líneas.