El golpe de estado y su contexto: desafíos para la acción

El golpe de estado en Brasil y, en general, los retrocesos en el campo de los derechos laborales, humanos y sociales en otros países latinoamericanos como Argentina, exhiben el perfil de una maniobra claramente definida de destrucción del sistema democrático de gobierno, que se vale del uso de un sistema judicial partidista y partidario, perseguidor de sus adversarios.

A esto se agrega un legislativo abierta y descaradamente clasista y enfermo de privilegios y odio antisocial, antipopular y antinacional. Antihumano, para resumir. Aquí ya me voy acercando al eje de estas breves reflexiones. La antihumanidad es lo que más me preocupa. Estos retrocesos y el golpe en Brasil, suceden en medio de un clima de destrucción de los más elementales principios de conciencia y respeto a la vida humana.

La prensa se encarga de exacerbar y difundir estos relatos, implantando en nuestras cabezas y corazones, en nuestro comportamiento cotidiano, el miedo, la desconfianza, la decepción, la desesperanza, la desesperación. Esta situación se viene consolidando desde por lo menos unos cien años, o un poco más, dando lugar a la formulación, en la sociología, de los conceptos de alienación (Marx), anomia (Durkheim), automatización de la conducta, mecanización del comportamiento, desencantamiento del mundo (Max Weber), entre otros.

Adalberto Barreto, médico psiquiatra y antropólogo creador de la Terapia Comunitaria Integrativa, habla de la fragilización de los vínculos, pérdida de identidad y de autoestima. Es un cuadro extremadamente preocupante. Pero no soy de los que se satisfacen en señalar los males, sino más bien, me cuento entre quienes saben que es el mismo mal el que genera la conciencia y la acción o acciones necesarias para restablecer la normalidad.

En este caso, restituir a la humanidad su propia humanidad. La TCI es un recurso cultural micro-político. En la TCI la persona redescubre su valor, su trayectoria de vida, que se le hace presente constantemente como una fuente inagotable de autoconfianza, autoestima y esperanza en días mejores.

Descubrimos que no necesitamos de ningún gurú o salvador, nadie que venga a sacarnos de nuestras dificultades. Ya sabemos cómo hacerlo. Sólo necesitamos recordarlo, y esto sucede en medio del encuentro con otras personas con las cuales nos encontramos en las ruedas de TCI, en la familia, en la vida cotidiana.

Entonces ya no nos dejamos manipular tan fácilmente por el diario bombardeo de los medios de información. Volvemos a tener ganas de vivir, seguir adelante, encontrar a la gente no como enemigos o adversarios, sino como alguien con quien puedo sumar, ya que nos necesitamos mutuamente. Es una revolución cultural en los espacios micro, el espacio de la propia persona, y las relaciones diarias con quienes convivimos y vamos encontrando.

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