El día después

Creo que la manifestación de ayer, en todo Brasil, de diversos sectores populares y democráticos, en contra del golpe y del retroceso social, debe habernos dejado en claro varias cosas.

Una de ellas, es que el sistema político corrupto y corruptor, integrado no solamente por un estamento legislativo y judicial seriamente comprometido con los privilegios, y por eso mismo, con la injusticia y la explotación, sino también, muy peligrosamente, por una prensa claramente comprometida también con la explotación y la dominación, no va a cambiar por sí mismo.

No podemos esperar que algún iluminado venga a poner la casa en orden. Ayer andando por las calles de João Pessoa, me daba cuenta de cómo me había extrañado de esos espacios. Andando del Liceo Paraibano hacia la Praça do Chorinho y hasta la Praça dos Tres Poderes, en medio de la gente que cantaba y bailaba. La orquesta tocando música y la gente alegre, caminando y cantando.

La calle es nuestra, gritaba la multitud. La calle es nuestra, pero nos la roban todos los días. El miedo de los ladrones. Miedo de los desconocidos que nos podrían asaltar. Esto no va a cambiar si se detiene el golpe. Hay un golpe más sutil, más minucioso, y mucho más perverso, que es el robo cotidiano de la confianza.

Nos roban la capacidad de pensar, de decidir, de elegir. Y esto lo hace la TV, sembrando miedo y desconfianza hacia el prójimo, que es presentado como una amenaza. Tampoco nada va a cambiar si uno se queda criticando el sistema, y no hace nada. ¿Y qué podríamos hacer? ¿Qué tenemos que hacer?

He vivido lo suficiente como para saber que nadie tiene una respuesta hecha para estas preguntas. Lo que sí tengo bien en claro, es que no cambiará nada si yo me quedo en casa, esperando que alguien haga lo que yo me niego a hacer. Hay una microcefalia que afecta no sólo a quienes piden un impeachment injusto, insano e ilegal.

También tenemos todos un poco de microcefalia provocada por una tecnología excesiva que nos ha ido apartando de los demás, de la naturaleza, de nosotros mismos. Ayer pensaba, mientras vivía esta jornada nacional masiva, impactante, en defensa de la democracia y de los derechos sociales, que en ese momento, yo estaba del lado de acá de la TV. No mirando la pantalla, sino en un lugar que las cámaras no focalizan. Ese es un lugar al cual quiero volver.