El arte como forma de ser y de conocer

MarxDesde que leí, allá por los años 1980, uno de los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 de Karl Marx, sentí una especie de alivio. Era sobre la apropiación artística del mundo, y decía que uno no solamente se apropia del mundo de maneras prácticas o intelectuales, lógicas o racionales, sino también artísticas.

El artista es una especie de náufrago en el mundo materialista, económico, práctico, lógico. Alguien que anda atrás de la belleza, mientras todos a su alrededor están preocupados con rendimientos, eficiencia, réditos, lucro, resultados, es una especie de remador o remadora contra la corriente. Pero no porque quiera contradecir a nadie, sino porque apenas sigue su rumbo.

Esta mañana, al leer unos escritos de Henry James sobre El arte de la ficción, evoqué uno de mis primeros escritos sobre el arte como forma de ser y de conocer, que era sobre São Bernardo, de Graciliano Ramos. En aquella época, trataba de mantener mi identidad a toda costa en el difícil terreno de la sociología académica.

Hay una forma de conocer que es artística, que prescinde de lo intelectual. Y esta forma artística de conocer, la comunión con la belleza, está al alcance de cualquier persona. No depende de nivel de escolaridad o de clase social. Todo el mundo se embeleza al escuchar el canto de un pájaro, al ver una flor.

Ahora mismo escucho el canto de un pájaro y sé que más allá está la playa. El mar, el cielo, el sol, la arena. El texto que escribí sobre São Bernardo, transcurre entre dos píos de lechuza, como la propia obra del escritor alagoano.

El libro que leía hoy, de Henry James, sobre El arte de la ficción, evoca la singularidad de cada persona. Una singularidad absoluta, que se coloca como desafío para el artista, en este caso el escritor o la escritora, que tiene que ser capaz de tenderle una trampa a los sentidos de ese lector o lectora desconocidos.

Tiene que tratar de ser capaz de cautivar la percepción de esa persona que no conoce, cuya singularidad es absoluta, y de traerla a su propio mundo, o establecer en la interacción entre ambos, un nuevo mundo.

Y aquí es donde encuentro una de las facetas libertadoras del Marx de los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 y, también, del prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política.

El arte es capaz de traernos un mundo que está allí afuera pero que es nuestro también, a través de un trabajo propio, de una forma particular de apropiación que depende más de un aflojarnos, de un dejar, de una actitud receptiva.