Diversamente

No hay una manera única de ser

No hay una manera única de estar

No hay una manera única de hablar

No hay una manera única de actuar

En la medida en que relajo mi rigidez, dejo que el mundo de los demás llegue a mí. Aprendo a convivir con la diversidad, en vez de discursar sobre ella. Esto rompe el muro que me encerraba, las prisiones en que yo mismo me había trancado.

Compruebo que muchas veces lo que veo como defectos ajenos, son en realidad las diferencias, las maneras concretas como las personas son. Las personas no son como yo pienso que sean, ni tampoco son como yo piense que deberían ser.

Al relacionarme de una manera más fluída y flexible, respiro mejor, se desvanece en buena medida el miedo que me separaba del presente y de la gente. Así también se reduce la agresividad con que muchas veces acostumbraba encarar a o que está aquí.

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