Diario de la noche

El título podría sugerir historias de terror o misterio, pero no. Simplemente se trata de lo que me viene de decir mientras el sueño no viene.

No viene, es tal vez incorrecto. En realidad, creo que en buena medida, es un viejo sueño juvenil que hoy veo realizado, lo que me saca el sueño. El sueño me saca el sueño. Me alegré y me emocioné profundamente al leer textos de jóvenes docentes de la UFPB que investigan sobre la Terapia Comunitaria Integrativa y sus resultados.

Fue rencontrar una sociología que busqué y para la cual me preparé cuando estudiante, y que traté de practicar en mis años de docencia universitaria, y aún ahora, como formador en TCI. Una sociología que no se basta a sí misma, que necesita de otras ciencias y de otras formas de saber.

Una sociología que sale de las puertas de la universidad y se mezcla con la gente. Digo “sociología” porque es mi recorte profesional. En realidad, debería decir, un conocimiento científico aplicado en salud mental comunitaria, que se sabe y se quiere plural, diverso, integrado. Experiencia cotidiana, saberes populares y tradicionales, uniéndose con las diversas ramas del conocimiento científico académico.

Una ciencia no cientificista, no intelectualista, no reduccionista, no fragmentadora, sino integrada e integradora. Desalienada y desalienante. Libertadora, autonomizante, revinculante. Lo que más me agrada, en esta oportunidad, es estar en una posición más bien lateral, de observador participante.

Alguien que ve el niño nacer, crecer, dar sus primeros pasos. No tan primeros, a rigor, pero déjenme jugar un poco con lo que ahora me está encantando. Vale la ciencia. Vale la experiencia personal. Saber que hay gente de diversas áreas de formación y de actuación, convergiendo en la recuperación y en el empoderamiento de la persona humana.

Gente que se ocupa en ayudar a que otras personas tengan un lugar donde vivir. ¿Y qué lugar más precioso para vivir, que la propia persona? Gente que se ocupa en incluir jóvenes de las periferias urbanas y existenciales en la sociedad, abriéndoles rumbos de humanización, verdaderas puertas a una vida digna. Gente que sueña con gente que sueña. Y los sueños son ya realidades desparramadas por ahí. Alimentando más y más sueños. Ahora sí creo que ya me puedo ir a dormir.

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