Desprogramar el tiempo

relojUno puede empezar desprogramando el día. Un día, para ser más preciso. Vivirlo como un día nunca antes vivido, lo cual puede parecer obvio o hasta trivial, pero no lo es. De tanto vivir, uno va tratando el tiempo, el día, como algo repetido, algo que ya fue, y no es así. Desprogramar el tiempo es desprogramarse en el tiempo. Es estar aquí como novedad. Es ser de nuevo. Ser de nuevo. Pero no otra vez, sino por primera vez, siempre.

Ese tiempo nuevo, en realidad, es eterno. Es un tiempo que no pasa. Uno puede eternizarse si vive cada instante como un don divino. Algo muy precioso. Se puede empezar con cosas simples, como por ejemplo mirar un pedazo de hielo con ojos de niño. Por primera vez. Nunca antes viste ese hielo. Podés registrar ese hecho, y entonces estás en el presente continuo, el presente eterno. O si no, te lo perdés por pensar que ya lo habías visto, que ya lo conocés, lo cual no es verdad.

También uno puede subdividir el día en días más chiquitos. Descontinuando el tiempo. Descontinuando-se. Soltándose de la ilusión de lo repetido.