Defender la democracia y los derechos humanos en Brasil

El proceso de destitución de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que no ha cometido ningún delito que justifique tamaña medida, está plagado de ilegalidades. La primera es la que acabamos de mencionar: ausencia de delito cometido.

Las demás, han sido mencionadas por la prensa nacional e internacional, y pueden ser resumidas así: se trata de la venganza de los sectores más retrógrados de la política brasileña, derrotados en las elecciones de 2014. La caída del régimen constitucional de Dilma Rousseff ya está mostrando sus verdaderas intenciones: destruír las conquistas de los trabajadores y trabajadoras, sometiéndolos a los dictámenes irrestrictos del capital.

Excluír más y más a los pobres de la educación y la salud, bien como de la ciudadanía en general, reduciéndola a un privilegio de quienes tienen dinero y poder. La represión a los estudiantes en São Paulo, que fueron presos después de ser agredidos cuando ocupaban escuelas pacíficamente, reclamando derechos que les son debidos, se agrega a la escalada de asesinatos de indios y trabajadores rurales, que precedió al golpe de estado que sus ejecutores y cómplices insisten en llamar de “impeachment”, en el intento de blanquear el asalto al poder.

La situación es tan grave, que la comunidad internacional debe tomar actitudes concretas e inmediatas para obligar a que en Brasil se respeten la constitución y las leyes, o habrá más violaciones a los derechos humanos. El mundo no debe ser un lugar donde, como en el pasado reciente y aún hoy, algunos países miren hacia otro lado, mientras a su lado se matan personas, se las aprisiona y tortura.

Pedimos a quienes lean este mensaje, que actúen de inmediato para que sea bloqueada la continuidad del golpe de estado en Brasil, juzgados y castigados los culpables, y tomadas las medidas necesarias para que sea garantizada la continuidad del gobierno democraticamente elegido, de Dilma Rousseff.