Continuidad

Una de esas tardes en las que no hay nada que hacer, que por suerte son muchas y frecuentes, uno viene a la hoja donde tantas veces se encuentra.

Y ya que aquí está, aquí estoy, aquí estamos, pues es un lugar de encuentro, ¿qué tal dejar que la palabra venga a decir cosas? Cosas que uno viene escuchando, viene conversando consigo mismo y con gente cercana, gente de por aquí y también de allá, que no sabes bien adónde es y sin embargo lo sabes.

Tratar de juntar lo que vas viviendo, lo que va viniendo. Escuchar con atención, con mucha atención, como cuando éramos chicos. Todo nos dice algo. Un día frío y nublado. La familia cerca, aún los que están lejos o ya no están, están todos aquí.

Y el agua interna, el río interior, que fluye, que viene muchas veces como una tristeza, que en otros tiempos asociaba a dolores o traumas del pasado, hoy me pasó que sentí que podría llegar a ser la presencia de Jesús, el agua de la vida, que me alimenta por dentro.

Sueños que sigo teniendo, que no sólo no han muerto sino que se han multiplicado. Gente que se da las manos, y en medio de las cuales tengo un lugar. Cosas que creí que se habían perdido para siempre. Están vivas, florecidas. Gente para la cual, como para mí, las pequeñas cosas son las más importantes.

Esa gente está por todas partes. De pronto es un vecino o una vecina que te ayuda con algo, o que se preocupa por vos o por tu familia. Un viejo amigo o una vieja amiga, con los cuales revives sentimientos de eso que no muere. Esos sueños que son reales, que siguen caminando, y tú con ellos, con esos sueños y esa gente que no se agrupa necesariamente por ideologías sino más bien por sentimientos. Con esa gente voy, con esa gente estoy.

Con esa gente quiero ser cada vez más gente. Y ya hablando de filigranas, de esos hilitos de oro, hilitos de vida que voy viendo que me constituyen y constituyen todo lo que existe, no puedo menos que registrar cómo a veces en medio de situaciones cotidianas en las que frecuentemente no sé qué hacer, o qué debería hacer o decir, eso que no comprendo muy bien pero que sin embargo sé sin saber cómo ni qué, eso más grande que envuelve todo y es todo, lo veo y lo siento. Es un amor infinito. Siempre estuvo y siempre estará. Esto me da firmeza y seguridad. Me siento tranquilo y sereno. Sé que todo de alguna manera es como debería ser y está como debería estar.