Construyendo

fotoMuchas veces vengo a la hoja con la única intención de estar aquí. Estar en la hoja, un lugar donde me siento bien. Aquí estoy a mis anchas, sin presiones ni internas ni externas.

¡Es curioso como algo tan sencillo puede tener, y tiene, un efecto tan saludable! Aquí me enraízo, me siento dueño de mí mismo, de mi tiempo. Y, al mismo tiempo, me siento integrado con el movimiento general de la vida. Me siento participante de mi familia, de mi círculo de amistades y colegas.

Aquí se han ido desvaneciendo y se siguen desvaneciendo las sombras que ya me ocuparon casi por completo en otros períodos de mi vida. Aquí se ha venido haciendo, y se sigue haciendo la luz. Aquí es como si me encontrara, y de hecho me encuentro, en mi lugar. Creo que no hay mejor sensación que ésta, la de estar en el propio lugar.

Saber que uno forma parte de una humanidad en movimiento, una humanidad que no se satisface con la crítica, sino que se esfuerza por vivir de una manera digna. Construyendo y reforzando vínculos saludables entre las personas. Trabajitos de hormiga, podríamos decir.

Esta expresión le era muy cara a Dom Antonio Fragoso el obispo católico que vivió tantos años en João Pessoa, en un barrio pobre. Él mismo, ya jubilado, hacía su parte en estas tareas casi invisibles, de rescate de la persona humana.

En la medida en que me fui integrando en esa red de cristianos y cristianas que vivían y viven en barrios pobres, me fue volviendo una conciencia antigua. Yo también tuve un origen humilde. Después conocí al Padre José Comblin, cuya vida y obra inspira y moviliza a tanta gente no solamente aquí en el nordeste brasileño, sino en todo el mundo.

Comblin también vivía en un barrio pobre de João Pessoa, y reunía a su alrededor, numerosos movimientos sociales que encontraban en él una luz, un impulso, más claridad y fuerza para seguir trabajando en la línea de la justicia, los derechos humanos, la educación popular, la salud mental comunitaria.

Los libros de Comblin me siguen iluminando e inspirando, hacia una lectura del evangelio que va más allá de la religión, las doctrinas y las ideologías. Creo que mi incorporación a este tejido humano, me viene enseñando muchas cosas, cosas que siento necesidad de compartir.

Estos trabajitos de hormiga, a los cuales se agregan, en este ancho mundo, muchísimas otras iniciativas, tienen la virtud de ser tareas que uno mismo puede hacer, y de hecho hace. No dependen de gobiernos ni partidos, ni de otras instituciones.

Son cosas que se hacen con la gente pobre, no para la gente pobre. Uno se ve como alguien que está en proceso de crecimiento y descubrimiento de su verdadera identidad, en medio de personas que tienen sus propias trayectorias de vida que, al sumar, crean un espacio solidario confiable y positivo, constructivo.

Digo estas cosas porque me parece que es necesario cada vez más, ir valorizando lo pequeño. Las actitudes y gestos positivos, lo que de hecho hacemos, cada uno y cada una, en pro de una humanidad más sana y más saludable.