Construción

Las letras forman el mundo. Los colores lo iluminan por dentro.

Hago el mundo en el que vivo.

Frecuentemente tengo que volver a lo que es mío, ya que la presión hacia la distracción, hacia  lo distante y lo externo, es contínua y potente.

Más potente, sin embargo, es el llamado a habitar mi propio mundo.

Cuando no estoy en mí mismo, todo me molesta, estar fuera de mí es penoso.

Me veo obligado a conceder, a ceder. La existencia lo impone. Trato sin embargo, que estas concesiones no lo sean al precio de mi salud. Esto me obliga a uma conversación contínua conmigo mismo, donde trato de ver qué es lo que gano con las cosas que me molestan o me son incómodas. Por ahí me cuesta compartir o me rebelo contra imposiciones que me tratan de hacer cumplir. Sin embargo, en este ejercicio de tratar de ver lo que gano con los inconvenientes, voy teniendo una visión más unificada de mí mismo. Muchas veces los inconvenientes son un llamado a una ampliación, a una flexibilización, a un fluir más suelto, a una vida más integrada.

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