Congreso Brasileño/Internacional de Terapia Comunitaria Integrativa (Porto Alegre, 2017)

Hay algunos acontecimientos que no se dejan traer con facilidad al papel. Esto es lo que me está ocurriendo ahora, al querer traer algunas impresiones sobre lo que fue y sigue siendo en mí, el Congreso Brasileño/Internacional de Terapia Comunitaria Integrativa (Porto Alegre, 2017).

Me cuesta poder decir en algunas pocas palabras, lo que mi corazón sabe con claridad y certeza. Hubo mucho amor, desde el comienzo, durante toda la jornada, y ahora que la jornada se vuelve a insertar en mi vida cotidiana. Un recibimiento que desde los primeros contactos, los primeros encuentros, estuvo marcado por el cariño, el amor.

El amor no se declama, se derrama. Y lo que sentí y sigo sintiendo, ahora que intento compartir algo de lo que viví estos tres días en el Centro de Eventos de la PUC-RS, es que recibí y sentí una dosis enorme de amor y de cariño.

La atención de las personas de apoyo, que en todo momento estaban ayudando a que todo saliera bien, en los pequeños y no tan pequeños detalles que hacen que un encuentro de gran dimensión, sea un encaje perfecto.

Las presentaciones culturales, que traen la presencia de un Brasil profundo, que se acuerda de sí mismo, y que es capaz de hablar de sí con belleza, con gracia, encantando. Las canciones que me recordaban vivamente mi Argentina distante y tan presente.

Esa Argentina que pude ir recuperando de a poco y de a mucho, en los sucesivos encuentros de TCI de los que he ido participando en Misiones, Santa Fé, Entre Ríos, Mendoza. Así fui recuperando mi país interno.

Mi Argentina primera, una que no ha sido tocada, ni puede ser tocada, pues es inmemorial, es eterna y toda perfecta y bella en sus ríos y montanas, en su gente que es un ejemplo de decencia e integridad.

Me refiero obviamente a la gente que trabaja, a la gente de abajo, esa red diversa e incluyente en la cual la TCI se ha venido entrelazando, fortaleciendo el tejido social adentro y alrededor de las personas. Estuve estos días en Porto Alegre, bebiendo de esa fuente interior que se alimenta de amor y de cariño.

No tengo cómo agradecer a quienes hicieron posible que esto ocurriera. Las palabras se quedan cortas. Solamente puedo decir gracias. Gracias por la recepción y el acogimiento. Gracias por las canciones y la música. Gracias por el espacio para la poesía y el sentimiento. Y las flores y la lluvia. Y el sol que ahora ya quiere empezar a llegar con el canto de los pájaros aquí en João Pessoa, Paraíba.

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