Comunicación

redA veces a uno le dan ganas de escribir alguna cosa. Cosas buenas, que ocurren todos los días. O que pueden llegar a ocurrir de vez en cuando. Pero entonces pensás en tanto periodista que vive publicando idioteces, imbecilidades, desastres. Y pensás que lo que escribes no tiene nada que ver con eso.

Más vale al contrario, vas así como si dijéramos, recogiendo el hilo tenue de la vida, que comprende todo y abarca todo. Esa luz amarilla que ves cuando cierras los ojos, que está por todas partes. Entonces piensas que puede haber, o ciertamente hay, alguien que irá a decir pero como escribís párrafos tan largos, eso cansa a los lectores.

O que te tiende trampas para que tropieces y caigas. Del tipo, te elogia y en seguida te hace pisar el palito, para que te expongas. Como ser queriéndote descalificar, como si no supieras nada de comunicación, pero sabes, sí, y mucho.

Comunicación no es periodismo, en primer lugar. Esto es obvio, pero obviamente es ignorado por mucho profesional del periodismo. Comunicar no es criticar, denunciar, reclamar, solamente. Puede ser eso, pero eso es muy poco. Comunicar es más vale, evidenciar el espacio común, crear espacios comunes.

Esto requiere alma, más que técnica. Por un excesivo amor a una revista en la que publicas, por ejemplo, puedes de repente haberte tomado la libertad de querer que siga accesible al público. Y esto haberte llevado a actuar en esta dirección, y ahí pisaste el palito.

El envidioso tecnocrático que te acecha te manda un correo con la dirección de quien mantiene la página activa, le escribes, y te cae encima: por qué le escribiste, quién sos vos, no ves que el otro es un voluntario. Y vos, que creíste estar prestando un servicio a una causa grande, como es la educación, la política constructiva, desde abajo, la construcción comunitaria de redes de recuperación de la persona humana, te ves de pronto acorralado.

Acusado de haber actuado incorrectamente, lo cual no hiciste. Respiras hondo, te aconsejas con tus pares, y decides que vale la pena, aún así, seguir prestando los servicios que prestas. A tí mismo, en primer lugar, pues es una gran satisfacción poder ir pasando la vida en limpio delante de tantos lectores y lectoras. Ir construyendo con esa gente que te lee y que te apoya o comenta tus escritos, un espacio común. Esto es comunicación. Esto es construir comunidad.