Cambiando

Llueve en Mendoza. Y una parte mía todavía está llegando. Debe habrese quedado en João Pessoa, Paraíba. Pero ya va a llegar. Es tiempo de unidad, tiempo de reunión, tiempo de reencuentro. Yo creo que en la vida todo se orienta a la unidad. Todo se dirige hacia la unidad. Vengo a la hoja, que es mi lugar preferencial. Aquí está todo lo que amo, todo lo que existe. Vengo a la hoja cuando necesito respirar mejor, cuando necesito juntar mis pedazos. Leo, escribo y pinto, como formas de reunirme. Formas de disfrutar del viaje que es la vida. Aquí voy reteniendo fragmentos del existir que quiero preservar de la extinción.

Vengo haciendo esto desde hace muchos años. Y aún el tiempo anterior, el tiempo previo, también está reunido en este acto. Este acto va reuniendo lo anterior y lo presente. Lo presente y lo futuro. La vida se va juntando en cada palabra. Cada letra es como una piedra que divide las aguas. Pasado y presente. Divide y reúne. Entonces leer y escribir es como dejarme fluir por la hoja, dejar que la vida vaya yendo. Va yendo y me lleva, como un bote. Escucho, que es mi modo preferencial de estar entre la gente. Escuchar es como escribir también. Cuando escucho, voy juntando lo leído y lo vivido.

La vida de la gente se va juntando con mi vida pasada y presente. Hoy es feriado en Argentina. Día Nacional de la Verdad, la Memoria y la Justicia. No debería haber este feriado. No deberían marcarse en la memoria ni en la historia, la verguenza, la infamia, la traición, la abominación. No deberían forzarnos a recordar lo que debe ser olvidado. El pasado hay que procesarlo de manera constructiva, a los que nos tocó vivirlo. Si no, funciona como una amenaza para las generaciones que vinieron después. La estructura del poder y del estado es una estructura opresiva. El estado es una herramienta de dominación.

Soltar la memoria, dejar que la percepción se vaya sanando de la recordación de lo doloroso. Cicatrizando las heridas en contacto con la nobleza y la esperanza de la gente sana del presente. El aquí y el ahora deberían ser nuestra preocupación, como argentinos y argentinas, como pueblo y nación. Vengo a la hoja y aquí me dejo venir. Aquí la vida vuelve. Sé que el publicar estas reflexiones en esta revista tiene sus riesgos. Podrían lloverme agresiones como ya ocurrió una vez, cuando manifesté mi punto de vista sobre los trazos autoritarios que todavía impregnan fuertemente nuestra cultura como nación.

Hay todo un ejército, una masa de maniobra al servicio de la dominación, a los cuales no podría enfrentar de manera igualitaria. Yo no pertenezco a ninguna organización que me pueda defender de la ira de quienes defienden a rajatablas el orden estabelecido. Pero creo que no se puede vivir con miedo. No es sano. Es mejor arriesgar y decir lo que pienso. Lo hago, no para convencer a nadie de nada, sino para seguir siendo fiel a mi propia forma de ver el mundo. Creo que el mundo cambia a partir de pequeños cambios en mi persona y en las redes de las cuales formo parte.