Buscando paz

caminoCuando cumplí 18 años, recibí de mi padre un libro muy pequeño, de gran sabiduría, que me acompaña hasta hoy: La imitación de Cristo. Hoy evoco este hecho, pues las palabras de este librito siguen siendo una ayuda muy grande en mis intentos por alcanzar la paz. Una de las reflexiones contenidas en esta obra, dice que hay muchos que dicen querer alcanzar la paz, pero no tratan de seguir los pasos que a ella conducen.

Una primera contradicción, surge en mi corazón cuando albergo resentimientos contra otras personas. No se trata de amar a quien me ha hecho mal, sino tratar de comprender. Si trato de comprender el contexto en el que se encuentra o se encontró quien me hace o me hizo daño, surge una posibilidad de paz. Puedo entonces en vez de condenar, entender. Entender no es justificar. Es apenas soltar las amarras que el odio o el resentimiento establecen.

El libro tiene un espíritu que va mucho más allá de estas reflexiones que ahora comparto. Hay algo en la profunda fe y devoción, en la sabiduría que impregna sus páginas, que sigue siendo para mí una fuente de agua viva, un verdadeiro manantial de fuerza y luz en las horas difíciles, cuando es necesario buscar un apoyo que nos ayude a caminar. Creo que hay un tiempo para todo. Sí, verdaderamente existe un tiempo para todas las cosas debajo del sol, como dice el Eclesiastés.

En este momento, estoy tratando de referirme a algunas cosas que me han ayudado y siguen ayudándome a acercarme a la paz. A estar en paz, a vivir en paz. Una de estas cosas es el respeto a mi propia naturaleza, el diálogo profundo y sincero conmigo mismo. Cuando me acepto como soy, cuando actúo desde mi ser más profundo, está todo bien. Esto no es automático, muchas veces no sé como debería actuar. Entonces ensayo dejarme llevar.

Y esto muchas veces da resultado. Si no sé como actuar y me dejo llevar, algo me va poniendo en el lugar donde debo estar. Claro que no dejo de orar y de tratar de discernir, pero también dejo que la vida me vaya llevando. También trato de aconsejarme con aquellas personas con quienes estoy unido por una afinidad profunda, por los lazos del amor y del trabajo en común, sea en el ámbito familiar o en el comunitario.

Entonces puedo ver otros ángulos de la situación.  Puedo ver las cosas en perspectiva. Puedo darme cuenta de que aunque no tenga las cosas del todo claras, en el pasado y también hoy, hay algo en mí que siempre supo y sigue sabendo todo, y ese algo, es la presencia de Dios, del Espíritu, la sabiduría de la experiencia, como podamos llamar a aquello en nosotros mismos, que siempre sabe lo que hay que hacer. Entonces puede surgir una confianza como en otros tiempos, una ausencia de miedo, una certeza del triunfo final.