Auténticamente

Es importante que uno tenga un lugar para vivir. Un lugar donde uno pueda ser la persona que es.

Ese lugar es la propia persona que cada uno de nosotros es. Pero no basta haber nacido, para que uno sea uno mismo. Con el pasar del tiempo, las presiones sociales, las ideologías, la necesidad de coexistir en ambientes adversos, traumas, entre otros factores, pueden habernos ido expulsando de nosotros mismos.

Queda el cuerpo, pero deshabitado. Uno se fue a otro lugar. Adalberto Barreto –creador de la Terapia Comunitaria Integrativa– ejemplifica esto de manera clara, al describir lo que sucede con los migrantes que llegan a las grandes ciudades (“As dores da alma dos excluídos no Brasil” http://consciencia.net/as-dores-da-alma-dos-excluidos-no-brasil-–-por-adalberto-barreto/).

Se ven obligados a dejar sus costumbres, sus ciclos vitales, sus hablas, y forzosamente tienen que pasar a formar parte de un cotidiano que los va apartando de sí mismos. En algún sentido, todos somos migrantes. Vamos siendo empujados a adoptar hábitos, formas de percibir el mundo, formas de actuar, relacionarnos, sentir, etc, que ya no son nuestras.

Esto es un estado de alienación. El camino de vuelta, deberemos emprenderlo cotidianamente. La misma cultura que aliena, genera recursos de desalienación. Resistencia a la despersonalización y al vacío de sentido tan frecuentes en la sociedad actual. Para mí, el arte tiene un poder sin igual.

La belleza me substrae a las presiones por desempeño, las exigencias de aceptación, aquella casi imperceptibe pero tan dañina falsificación continuada, que la sociedad impone como requisito para aceptarnos.

La poesía y la pintura. La literatura y la contemplación. Son otras tantas veredas por las cuales transito, y por donde voy fundiéndome con aquella realidad muy tenue que es la propia esencia de todo lo que existe.

Share

Comentários

comentários