Argentina: vuelve la esperanza

No soy un analista político ni nada que se le parezca. Soy solamente un argentino que se alegra, que vuelve a tener esperanza de que su país, la Argentina, pueda de verdad, estar reencontrando sus rumbos como nación. Esta esperanza empezó a ganar forma a partir del 13 de setiembre, cuando millares de argentinos y argentinas salieron a las calles en muchas ciudades del país, para protestar contra las pretensiones re-reeleccionistas de Cristina Fernández de Kirchner.

La Argentina vive una especie de sueño, en parte pesadilla, desde que me conozco por gente. Es un país donde la oposición es sistemáticamente sospechosa de querer desestabilizar a los gobiernos de turno. Como si la ciudadanía que no concuerda con los grupos de turno en el poder, fuera de por sí, antidemocrática, antipopular, antinacional, antiargentina. Ser contrario al gobierno del momento, es peligroso.

Esto es una constante en la política argentina. Se ha instaurado un dato perverso en nuestra cultura política: la obsecuencia. El poder es el lugar de los favores, de la mayoría absoluta, la mitad mas uno del país. El resto, lo que no entra allí, son personas que se tienen que cuidar, no pueden decir lo que piensan, tienen que aprender a andar en las sombras, sin hacer mucho ruido. Es obvio que esto tiene que ver con el peronismo como dato de la política argentina desde 1946. Los que no eran peronistas, eran gorilas, antipopulares, contrarios a los trabajadores y trabajadoras.

Obviamente, las cosas no son tan simples así. Han pasado muchos gobiernos desde la primera presidencia de Perón pero las cosas no han cambiado mucho, en lo que se refiere a este dato de la cultura política. En las manifestaciones del 13 de setiembre contra los afanes de eternización en el poder de Cristina Kirchner, se mezclaron, obviamente, varios tipos de orientaciones políticas, desde sectores socialistas, sindicatos no alineados con el oficialismo, hasta (por qué no decirlo) sectores de derecha. Una derecha diferente de la que se encuentra en el poder en la Argentina, disfrazada de izquierda.

Porque no hay que engañarse con el discurso de los Kirchner, como bien dice el dirigente del Frente Amplio Progresista, Humberto Tumini: una cosa es el discurso, otra la realidad. El discurso oficial son los derechos humanos, la inclusión social, el pueblo. Ese discurso hace que quien lo critique, o quien critique al gobierno, se sitúe, automáticamente, en el campo del antipueblo. Esto es demasiado engañoso. Demasiado falso. No es así. La realidad es más compleja. Pero el espejismo, la pesadilla, es que este discurso encubridor ganó las mentes hasta de muchos intelectuales supuestamente lúcidos, férreos defensores del oficialismo.

Yo creo que ahora se puede empezar a pensar que surja en la Argentina, un espacio de oposición organizada, principista, ética, hasta ahora inexistente. Como uno de los tantos argentinos y argentinas que nos atrevimos a trabajar en los años 1970, y aún más recientemente, por un país más justo, más igualitario, más respetuoso de la diversidad, me permito creer, sí, me permito volver a creer en una esperanza en la Argentina. Una esperanza que tal vez no se espeje tan directamente –en lo inmediato– en movimientos político-partidarios, pero que sí viene dando señales de cansancio frente al modelo totalitario vigente, y que se muestra más en actitudes, en formas de acción y de organización que parecían del todo extirpadas del escenario político argentino.

caro Rolando
Que bueno!Vale! me gustó muchisimo tus consideraciones a cerca de Argentina. Como siempre, piensas bien y tienes mucha razón en tus comentarios Abrazos, Magdala

Deixe uma resposta

O seu endereço de e-mail não será publicado. Campos obrigatórios são marcados com *