Argentina, Palestina

Es difícil permanecer callado mientras las imágenes de la masacre de la población palestina a manos de Israel, sieguen en nuestra mente. No por frecuente, el horror, la matanza cobarde y vil de gente indefensa, dejan de golpearnos.

No es fácil permanecer callado, porque ayer nomás éramos nosotros los que éramos cazados por las fuerzas armadas. Un nosotros hecho de gente civil como en Palestina. Argentina, Palestina. La misma historia. Historias parecidas. La masacre en Argentina de 1976 a 1983, dejó huellas.

Todas las masacres dejan huellas. Tal vez aquél horror, que se procesaba frente al silencio de las mayorías acobardadas o cómplices, nos haya hecho más sensibles a estos otros horrores. Toda vida es tan maravillosa. Un niño, una niña, una persona cualquiera, es tan maravillosa, al menos en principio.

Puede ser que la persona se transforme en un canalla y asesino, un cobarde y torturador, un traidor. Pero al menos en principio, podría haber optado por otro camino. No deja de admirarme, y me hago la pregunta: ¿qué es lo que lleva a un ser humano a transformarse en un asesino impiadoso?

No dudo de que en determinadas circunstancias, cualquier persona normal podría matar a un semejante. Pero la matanza fría y cobarde, calculada, premeditada, escapa de mi comprensión.