Argentina: Los saqueos de Navidad, por Isaac Yuyo Rudnik

“Entre el consenso y la fuerza está la corrupción-fraude…” (1)
Los hechos sucedidos desde los barrios populares en varias ciudades del país, en estos últimos días del 2012, remiten al aburrido recurso del kirchnerismo de comparar la situación con la implosión del neoliberalismo hace mas de una década, polemizando con los fantasmas de una derecha que supuestamente opera desde afuera del gobierno, pero que hoy claramente tiene su anclaje principal en el PJ, sostén estructural del gobierno de Cristina Fernández.

La economía argentina pasa por un momento de estancamiento pero en un contexto de varios años de crecimiento sostenido, con una perspectiva de cierta recuperación para el año próximo. El comportamiento de los sectores mas centralizados y poderosos –el capital financiero, el capital industrial transnacional, los grupos que controlan la producción y comercialización en el mercado interno, los que concentran la producción agraria y su comercialización en el mercado global- no han tenido hasta ahora mayores tropiezos para sostener, y en algunos casos aumentar, las ganancias extraordinarias a las acceden desde 2001-2002 a la fecha. Con un incremento del PBI del orden del 75% en este lapso, bajo esos márgenes de ganancias alcanzados en el período neoliberal, incrementaron sus patrimonios en proporciones mucho mas elevadas que otros sectores de la población.

El proceso económico argentino, en líneas generales acompañó la enorme concentración y centralización de capitales ocurrida en el marco global, y profundizó la inserción del capital extranjero en el plano local. Algunos de los mas conspicuos representantes de estos sectores son entusiastas sostenedores del kirchnerismo, al que le agradecen haber rescatado la “normalidad” política del desmadre de 2001-2002, y otros son nostálgicos de una representación política mas dócil y predecible, pero en las presidenciales del año pasado, todos coincidieron en que era la actual presidenta las que les garantizaría la continuidad de sus negocios sin sobresaltos.

Una década de sostenimiento a rajatabla de varios de los pilares fundamentales del sistema generado en los ’90, como la Ley de Entidades Financieras, la de Inversiones Extranjeras, la regresiva estructura impositiva, que entre otras perlitas, mantiene la exención a las transacciones financieras y grava los artículos de la canasta básica alimentaria, el código minero, el mantenimiento de un estado escuálido carente de herramientas sólidas para negociar con actores tan poderosos, hacen que ciertas medidas progresistas implementadas por el gobierno kirchnerista, sean pecados menores perfectamente perdonables y absorbibles por los grupos monopólicos nativos y los conglomerados extranjeros.

Hay variados ejemplos de ello. La reforma a la Carta Orgánica del Banco Central, le permitió a éste dictar la norma que obliga a los Bancos a destinar el 5% de sus depósitos para emprendimientos productivos. Durante el primer semestre del año que está terminando, de las empresas que cotizan en Bolsa entre las diez que mas ganancias obtuvieron, seis son entidades bancarias, que asientan su buena performance en la diferencia que obtienen entre las tasas negativas que pagan a los depositantes de plazos fijos, y las exorbitantes tasas que cobran por los créditos al consumo, a los que se le suman los dividendos que obtienen por los intereses cobrados como tenedores de los bonos de la deuda pública, que a lo largo del año ascendieron a 13.500 millones de dólares pagados puntualmente por el gobierno.

Esto último remite a otra de las más importantes decisiones asumidas en años anteriores: la reestructuración de la deuda pública concretada en enero de 2005, anunciada en aquél entonces con una quita del 75%, pero que al haber incorporado a su implementación, entre otros, bonos atados al crecimiento del PBI y a la evolución de la inflación, mas la reapertura del canje en marzo de 2010 (el gobierno ofreció abrirlo nuevamente hace pocos días), convirtió la reestructuración con quita, en una modesta reprogramación de los plazos, cuyas gravosas consecuencias estamos reviviendo en estos tiempos. El capital financiero continúa apropiándose así de una porción sustancial del excedente sin cumplir ningún rol dinamizador para la inversión productiva.

Otro caso similar es la continuidad de las negociaciones bajo la legalidad de los convenios colectivos de los trabajadores registrados, lo que les permite a éstos reabrir las discusiones salariales año a año, y les posibilita una recuperación del poder adquisitivo de las remuneraciones. Sin embargo, mientras éstas negociaciones, continúen en un marco de mercados cada vez mas concentrados, las empresas trasladan sin demasiadas dificultades los costos de los aumentos nominales de los salarios a los precios, recomponiendo ganancias por la vía inflacionaria, produciéndose entonces sólo cambios en la composición de los ingresos entre los diferentes sectores de los mismos trabajadores, sin afectar el lucro extraordinario de los empresarios.

La recuperación de la economía argentina durante la última década, en lo interno, se asentó principalmente en las condiciones generadas por la implosión de 2001/02, (culminación de la etapa neoliberal iniciada a mediados de los 70) que implicaron un enorme descenso en los costos laborales. Los grupos económicos que lideraron esta recuperación se hicieron así de una renta extraordinaria apropiada a los trabajadores. En lo externo, el elemento principal fue la suba de los precios internacionales de la producción agraria, principalmente de la soja, que multiplicaron exponencialmente en poco tiempo los ingresos de divisas al país. Y estos ejes siguen siendo hasta hoy los dos pilares fundamentales del modelo kirchnerista. Una porción sustancial de los beneficios del crecimiento económico, se queda entonces en la punta de la pirámide social y de allí empieza a repartirse hacia abajo de manera inversamente proporcional a la magnitud de la población, hasta que a la base llegan recursos que apenas van para garantizar la subsistencia de las familias. Los ingresos de los que transitan por la mitad de la estructura social, cumplen la función fundamental de sostener el consumo, y por ende garantizar la realización de las ganancias de las empresas que producen e importan para el mercado interno.

En relación a esto último es interesante comentar brevemente las manifestaciones de regocijo del gobierno respecto al último informe del Banco Mundial que alude a “La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina”. Primero llama la atención que entre los mas entusiastas difusores de este informe, se encuentren personas que cuando se encontraban fuera de la función pública, y también después siendo funcionarios de este gobierno, denostaron las posiciones de los organismos financieros internacionales por que continúan siendo defensores a ultranza de las recetas neoliberales, caracterización a la que obviamente no escapa el Banco Mundial. Leyendo este informe, se puede ver que efectivamente es sumamente elogioso de los procesos que se desarrollan en la región, particularmente desde 2003 hacia adelante. Además que para la Argentina se basa en las estadísticas del Indec, las explicaciones que da para demostrar el crecimiento de la clase media en la región son francamente asombrosos.

Dice el Banco Mundial “…según nuestra definición, el 68% de la población de la región —más de dos terceras partes— vivía por debajo de los estándares de ingreso de la clase media en 2009… este 68% se divide en un 30,5% de la población que vive en la pobreza (US$0–US$4 al día) y un 37,5% que vive entre la pobreza y la clase media (US$4–US$10 al día)…” A esta última categoría que según el BM no es ni pobre ni clase media (desde u$s 4 diarios no son pobres!!) la llaman “vulnerables” (sic-BM). Desde una perspectiva progresista y democrática, ¿se puede considerar que no es pobre a una persona que gana U$S 4 por día? Pero agrega otros elementos a su definición de clase media: “Normalmente, el trabajador de clase media en América Latina es un trabajador de los servicios razonablemente educado, empleado por una empresa privada con un contrato formal, es decir, con un contrato que le da derecho a prestaciones sociales, en una zona urbana”. La misma cantinela liberal desde hace décadas: antes el fin del trabajo, ahora todos somos clase media. Tener esos derechos básicos para el BM es ser miembro de la clase media. Con esta definición del mas puro corte neoliberal, en una región de generalizado crecimiento del PBI, se viene a justificar que la apropiación de los enormes recursos que ingresan año a año, queden en manos de los grupos mas concentrados, ya que no hace falta mas que 4 u$s por día para no ser pobre y con 10 u$s se llega a la clase media. Que un organismo internacional como el Banco Mundial produzca un libelo de esta laya no es sorprendente, pero sí lo es que algunos lo defiendan desde una supuesta visión “progre”.

Si embargo, en un ataque de “sinceridad”, que no es reproducido por los difusores locales, mas abajo el mismo informe reconoce: “En términos intergeneracionales, América Latina no es una sociedad móvil, y las señales de que se está convirtiendo en una sociedad algo más móvil son vacilantes y, hasta ahora, se limitan a los niveles educativos. Este panorama coincide con lo que se sabe acerca del alto nivel de desigualdad de oportunidades que sigue caracterizando a la región.” Las investigaciones sobre la movilidad social en la Argentina para los últimos quince años muestran un estancamiento de los cambios entre los diversos sectores, en un proceso de consolidación de barreras, particularmente desde los grupos mas postergados hacia arriba.

Los intelectuales orgánicos del kirchnerismo, algunos de los cuales acompañaron a la Alianza hasta el pie del helicóptero, y otros fueron connotados funcionarios del menemismo, se van hundiendo en un fárrago de justificaciones, que los acercan a concepciones cada vez más reaccionarias. En el medio van quedando la defensa sin condicionamientos de la megaminería a cielo abierto, de la ley antiterrorista, de la sojización del campo, de la extranjerización sin límites de la economía, la negación de la inflación, la persecución a los Quom y tantas otras iniquidades. La incorporación orgánica de la mayoría de la dirigencia política al proyecto neoliberal que se inició a finales de los 80, y se completó con el menemismo mediante la participación abierta y directa en los negociados de aquellos años, se va consolidando en el presente período, principalmente en el último lustro, desde el retorno de Néstor Kirchner a la presidencia del PJ. En la asunción del mandato actual, Cristina Fernández impulsó un aumento sustancial de los sueldos de Diputados y Senadores Nacionales, lo cual en contexto de dificultades económicas para el país (“la crisis internacional se nos cae encima” según la definición presidencial) significó un acto de alto valor simbólico. Legisladores y funcionarios enriquecidos, intendentes del conurbano que gobiernan distritos con los mas altos niveles de pobreza e indigencia de la Argentina y viven en Puerto Madero, encabezados por un vicepresidente implicado en negociados escandalosos, y la presidenta que blanquea la multiplicación injustificada de su patrimonio mientras ejerce su función, son ejemplos concretos que explican la continuidad del mismo modelo de funcionamiento político.

Ahora llegan los saqueos antes de la navidad de 2012, y estos personajes, hablan de delincuencia organizada, y de narcotraficantes, como instigadores de estos hechos. Es probable que en algunos casos algo de ello haya existido, pero con dos salvedades importantes. No hay en el conurbano bonaerense, ni en ninguno de los barrios donde habitan millones de argentinos, delincuencia organizada, desde la trata de personas hasta los desarmaderos de autos robados, pasando por el narcotráfico y los robos y secuestros, que no se asiente en el trípode de la cobertura política del PJ, de las policías y los jueces cómplices. Allí donde habitan millones de argentinos pobres e indigentes, que abarcan no menos de un 30% de la población, la mayoría jóvenes con el futuro quemado, se instalan estos flagelos que lucran con sus necesidades insatisfechas. Si en determinadas situaciones fueron convocados a concurrir pensando que conseguirían algunos de los alimentos que no tienen en su mesa, el punto de partida está en la exacerbación de la disputa al interior del PJ, de la que los punteros del gobierno no deben haber estado ausentes. En la pelea que se abrió por la sucesión o la continuidad presidencial todo vale.

Muchos de los dirigentes del Frente para la Victoria que empezaron apoyando al gobierno convencidos de que se iniciaba un camino de profunda ruptura con tres décadas de neoliberalismo, consolidaron su adhesión al modelo cuando ya descarrilaba después de la derrota de la 125 en el año 2008 temerosos de la supuesta amenaza de la vuelta de la derecha, hoy están subidos a un carro que les proporciona ingentes beneficios económicos y sociales, cerrando la nariz y los oídos a las propias argumentaciones que ellos mismos hoy repiten y que criticaban hasta hace muy poco.

Los que aun lo defienden convencidos que es lo mejor posible, o menos malo, que se puede hacer, deberían ver que están parados sobre un mar de injusticias cada vez mas difícil de esconder.

(1) …que es característica de ciertas situaciones de difícil ejercicio de la función hegemónica en que el empleo de la fuerza presenta demasiados peligros…” Gramsci, Cuadernos de la Cárcel, ERA 1999, T1 p124.

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Fuente: Libres del Sur

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