Acción

Empieza el día. Y me pongo a juntar pedacitos de vida. Impresiones. Sensaciones y sentimientos. Sentidos que se rehacen y se reorganizan al ir poniendo algo en la hoja. Por este acto y con este acto, me voy introduciendo en la textura de todo lo que existe.

Me reconozco en el respirar. Y me voy bajando de algún lugar donde estaba y que no era mío. Vengo a mi lugar. Vuelvo a mí mismo. Se juntan mis caminos cuando escribo. Dejo una existencia extraña que me fuera impuesta o que yo mismo adopté para sobrevivir.

Junto mis tiempos en un único tiempo. Irá el sol hasta la noche. Y sea en el campo o en la ciudad, iré yo también buscando colores. Buscando caminos entretejidos con los hilos que he venido tejiendo.

Aprendiendo a disfrutar de lo bello que hay por todas partes. Aceptándome a mí mismo tal como soy. Anidando a mi niño interior. Saber que hay una luz que me guía y que ilumina todas las cosas, tanto de día como a la noche.

Sabiendo que el desconcierto y la perplejidad, la inseguridad y la indecisión, lejos de ser defectos o fallas, son algo natural. Piso las letras antiguas y nuevas que me sostienen y me sustentan. Trato de guiarme por lo que veo interiormente o lo que descifro al fluir por el mundo.

Prioridad. Esto me ayuda a ordenarme y a elegir. Actúo de acuerdo con las prioridades. Trato de centrarme en lo que más le da sentido y sustentación a mi vida. Es el amor. Es un color imagen sentimiento que resume lo que es esencial. El primer color es amarillo. Confianza.

¿Cuál ha sido mi experiencia? Mi experiencia es que se puede. Yo puedo. En cualquier circunstancia es posible enfrentar. Sobrevivir. Seguir adelante.

¿Cómo lo que hago hoy se inserta en mi historia de vida? Si no tengo presente esta inserción, puedo estar viviendo de manera automática, inconciente, desconexa. El hábito de tratar de descubrir la integración de cada uno de mis actos con mis valores, le da unidad a mi existir.

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