Papa Francisco: el desafío México

papaA un mes del tercer aniversario de su elección como jefe de la Iglesia Católica, el 13 de marzo de 2013, el papa Francisco cumplió con uno de los viajes más importantes de su pontificado, del 12 al 17 de febrero a México, un país golpeado por el narcotráfico y la corrupción.

Un viaje que muchos describieron como “increíble” por los esfuerzos que hizo y los riesgos que corrió este hombre de casi 80 años, pero que otros criticaron porque el pontífice no enfrentó algunos temas delicados para la Iglesia local y para el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Es la séptima vez que un papa pisa tierras mexicanas aunque se trata del tercer pontífice que visita el país después de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Para Francisco es el cuarto viaje a América Latina después de haber estado en Brasil (julio 2013), Ecuador, Bolivia y Paraguay (julio 2015) y Cuba (septiembre 2015).

El avión de Francisco, que partió del aeropuerto romano de Fiumicino el 12 de febrero, hizo una escala en Cuba. Una parada no programada en el programa original, en el aeropuerto José Martí de La Habana, para encontrarse con el jefe de la Iglesia Ortodoxa Rusa, el Patriarca Kirill de Moscú, el primer encuentro en la historia de los mayores representantes de estas dos iglesias. Ambos firmaron una declaración conjunta que, según los analistas, abre las puertas a nuevas y fructíferas relaciones.

Más de 10 millones de personas participaron de las celebraciones y actividades de Francisco en su paso por seis ciudades mexicanas, según la Conferencia Episcopal de México. Empezó por Ciudad de México, donde por primera vez en la historia, un papa fue recibido en el Palacio Nacional. Hay que recordar que, pese a ser uno de los países con más católicos de América Latina, las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y México se retomaron después de varias décadas de incomprensiones, recién en 1992, lo que fue fruto de un acercamiento paulatino desde la década del 70.

Luego de visitar el Palacio Nacional el papa se dirigió a la basílica de la virgen de Guadalupe, la virgen más venerada por los mexicanos y patrona de América Latina. Desde Ciudad de México, al día siguiente Francisco viajó a Ecatepec, a unos 30 Km de la capital, ciudad tristemente famosa por la cantidad de feminicidios que se producen anualmente. De retorno visitó el Hospital Pediátrico de la capital mexicana donde se lo vio sonriente, abrazando y besando a niños con cáncer y hasta dándole unas gotas en la boca a uno que al parecer no quería tomarlas. Una joven, con el turbante que suelen usar las personas que han sido sometidas a quimioterapia para esconder la falta de cabello, emocionó al papa cantando el Ave María de Schubert. En sus mensajes, como lo había hecho en un mensaje video que envió a los mexicanos antes de partir, el papa habló contra la corrupción tan difundida en el país latinoamericano, contra la guerra, el narcotráfico y la trata de personas.

Francisco, que casi siempre circuló en las ciudades que visitaba en pequeños autos descubiertos, haciendo detener el coche cada vez que quería saludar a enfermos o niños y hasta, en una de las ciudades, se agachó para ayudar a hacer subir una pequeña silla de ruedas con un niño al escenario donde él estaba de modo de poder abrazarlo, eligió su recorrido pensando en los migrantes, los indígenas, las mujeres maltratadas, el narcotráfico. El problema migrantes siempre ha estado al centro de las preocupaciones de Francisco. Y lo demostró apenas fue elegido, decidiendo hacer su primer viaje fuera de Roma a la isla de Lampedusa, en el Mediterráneo, en cuyas aguas se han ahogado más de 3.000 migrantes en los últimos años. Por eso quiso visitar localidades como Ciudad Juárez, una ciudad muy violenta por el narcotráfico, casi en la frontera con Estados Unidos, pero por la cual pasan muchos de los miles de latinos que intentan llegar al país del norte cada año. Pero también quiso dedicarle parte de su tiempo a los indígenas con los que se encontró en San Cristóbal de las Casas.

Las repetidas alusiones a los inmigrantes y a la defensa de sus derechos de parte de Francisco – él mismo hijo de inmigrantes italianos-, tuvieron su eco en la campaña electoral de Estados Unidos. Indirectamente dirigido a uno de los candidatos más retrógrados, el republicano Donald Trump, que quisiera deportar 11 millones de inmigrantes y construir una muralla de 2.500 km en la frontera sur de su país, Francisco dijo a los periodistas en el avión de retorno a Roma que “una persona que piensa sólo en construir muros, sea donde sea, y no hacer puentes, no es cristiano”. Trump, que a menudo agita una Biblia cuando habla ante sus electores, reaccionó en un comunicado diciendo que “El Papa desearía y rezaría para que yo fuera presidente si el Vaticano fuera atacado por el Estado Islámico”.

Lo que faltó

Pese a que la mayoría de los mexicanos, según parece, quedaron muy bien impresionados por la figura del papa, y en parte lo demuestra los millones de personas que participaron de todas sus actividades, hubo algunos puntos que causaron cierto malestar en algunos. Los críticos se refieren al caso de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa cuyos familiares no fueron recibidos por Francisco durante el viaje. Pero ante esto el papa dijo en el avión: “He hecho muchas referencias a los asesinos, a las muertes, a la vida comprada por estas bandas de narcotraficantes. He hablado de las plagas que está sufriendo México. Había muchos grupos, con sus luchas internas, que querían ser recibidos. Yo les dije que los vería en la misa de Ciudad Juárez o en otras misas. Era prácticamente imposible recibirlos a todos, que por otra parte se enfrentan entre ellos”.

El otro punto polémico y muy delicado para la Iglesia local, al que el papa no hizo la alusión esperada fueron las decenas de jóvenes abusados por sacerdotes en México. En particular los de la congregación Legionarios de Cristo, cuyo fundador, el mexicano Marcial Maciel, fue acusado repetidas veces de abusos sexuales de seminaristas de su propia congregación. Se descubrió además que Maciel consumía drogas y había tenido varias amantes e hijos. Recién fue procesado por el Vaticano a partir de 2006, bajo el papado de Benedicto XVII. El papa visitó Michoacán, el estado donde nació Maciel que murió en 2008. Interrogado en el avión de regreso dijo sobre este tema por el que se acusa a los obispos: ” Primero que nada, un obispo que cambia de parroquia a un sacerdote que ha cometido abusos sobre menores es un inconsciente. Lo mejor que puede hacer es renunciar. En el caso de Maciel hay que rendir homenaje a quien se opuso a todo esto, Ratzinger.

Él presentó toda la documentación sobre el caso Maciel. Siendo prefecto (de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ndr ) hizo la investigación que recogió toda esa documentación”. Y continuó: “Hoy estamos trabajando con el cardenal secretario de estado (Pietro Parolin, ndr) y con el C9 (el Consejo de 9 cardenales que asesoran al papa ndr) y un secretario adjunto que en la Congregación para la Doctrina de la Fe se ocupará sólo de estos casos. Se ha constituido también un tribunal de apelaciones”, mencionó entre otras medidas tomadas por él y sus consejeros para combatir la pedofilia. Y concluyó: “Gracias a Dios este asunto se ha destapado. Hay que seguir destapando. Los abusos son una monstruosidad, porque un sacerdote ha sido consagrado para llevar a un niño hacia Dios y no para comérselo en un sacrificio diabólico”.

Elena Llorente nació en Argentina. Es socióloga pero se dedicó al periodismo. Ha vivido y desarrollado su actividad principalmente en Buenos Aires, Roma y Nueva York donde cubrió, entre otras cosas, varios viajes de Juan Pablo II a América Latina, la elección del papa Francisco, el atentado a las Torres Gemelas. Ha trabajado y trabaja para importantes medios internacionales como CNN en Español, Agence France Presse (AFP), Deutsche Presse Agentur (DPA), radios y periódicos de América Latina, España y Estados Unidos, entre ellos "Página 12" de Argentina. Actualmente reside en Roma y cubre toda la información de Italia y del Vaticano.

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